lunes, 7 de febrero de 2011
Shiur: Tania Cap. 20 - Amor y Temor
Todas las mitzvot son derivados de los primeros dos mandamientos: 1) Yo soy D-os, tu D-os; 2) No tengas otros dioses.
En esta clase exploraremos por que es así y cuales son las implicancias.
En esta clase exploraremos por que es así y cuales son las implicancias.
domingo, 6 de febrero de 2011
Lecciones de los Ladrones
El gran tzadik Rabí Zushe de Anípoli, aprendió siete lecciones de los ladrones: 1. El ladrón va en silencio. Igualmente, Zushe no alardeaba de sus logros. 2. El ladrón pone la vida en juego para lograr su objetivo. Zushe hacía lo mismo, para ayudar a un semejante . 3. Cada detalle es crucial para el ladrón. Zushe nunca desperdiciaba la oportunidad de hacer un acto de bien o aprender de una experiencia. 4. El ladrón trabaja con empeño. Zushe oraba, estudiaba y meditaba con la misma diligencia. 5. El ladrón usa el tiempo con eficiencia. Zushe no desperdiciaba un solo momento. 6. El ladrón es optimista y siempre esperanzado. Tal cual era Zushe. 7. Si el primer intento no tiene éxito, el ladrón regresa para tratar otra vez. Zushe nunca se daba por vencido. |
viernes, 4 de febrero de 2011
Shiur: Tania Cap. 18 - El Amor Innato a Di-os
Además del amor a D-os que uno adquiere por medio de la reflexión, hay un amor innato con el cual cada judío nace.
En este capítulo empezamos a explorar: 1) la raíz de ese amor; 2) sus características; 3) cómo lo heredamos; 4) y cómo incluye también el temor a Di-os.
En este capítulo empezamos a explorar: 1) la raíz de ese amor; 2) sus características; 3) cómo lo heredamos; 4) y cómo incluye también el temor a Di-os.
jueves, 3 de febrero de 2011
Honrar a los Padres
Por el Rabino Eliezer Shemtov
Honrar a los padres (Kibud Av Vaem) es uno es uno de los 10 Mandamientos más famosos. Pero, ¿cómo se cumple con dicho deber?
De hecho, las obligaciones que uno tiene para con sus padres son dos: 1) honrarlos (Exodo 20:12); y 2) temerlos (Levítico 19:3).
¿Qué implica “honrar” y qué implica “temer”?
El Talmud (Kidushín, 31b) explica: “Temer” implica no sentarse en su lugar [fijo], no pararse en su lugar [fijo], no contradecirlo y no decidir un argumento a su favor. “Honrar” implica darle de comer y beber, vestirlo, taparlo, llevarlo y traerlo.
El Talmud (Ibid, 31a) trae varias historias para ejemplificar el grado de respeto que uno debe tener hacia sus padres.
Dama, hijo de Netina, un gentil que vivía en Ashkelón, tenía unas piedras preciosas que fueron requeridas para los ropajes del Kohen Gadol en el Beit Hamikdash. Los sabios fueron a verlo y le ofrecieron por ellas una suma exagerada de dinero. Las piedras se encontraban en una caja fuerte cuya llave se encontraba bajo la almohada de su padre quien en ese momento estaba durmiendo. No quiso despertarlo y así perdió la venta.
Cuenta el Talmud (Ibid) de ese mismo Dama que una vez estaba sentado entre los dignatarios de Roma, vestido con ropa de oro y vino su madre [senil] y se lo arrancó, le pegó en la cabeza y le escupió en la cara y él no la avergonzó.
Uno de los componentes muy importantes en el cumplimiento de este precepto es el tema de actitud.
Enseñó Abimi hijo de Rabi Abahu (Ibid): es posible que uno dé de comer a su padre comida exquisita y es castigado por ello, y es posible que uno haga trabajar a su padre en un molino y es recompensado por ello.
El comentarista Rashi explica que lo que quiere decir este pasaje del Talmud es que no importa tanto qué es lo que uno da a su padre como la manera en que lo hace. Cita del Talmud Jerusalemita dos episodios para ejemplificar ambos casos:
Había uno que habitualmente le daba de comer a su padre comida gourmet. Un día el padre le preguntó de dónde tenía los medios para hacerlo a lo que le respondió: “¿Qué te importa, viejo? Molé (mastica) y comé.”
Y había otro que trabajaba en un molino y tenía un padre muy mayor. El rey mandó traer al padre para que trabajara para él. Le dijo el hijo al padre: Papá, quédate aquí en el molino en mi lugar y yo iré a trabajar para el rey en tu lugar, ya que el trabajo del rey no tiene límite.
Vemos ahí un lindo contraste entre el “qué” y el “cómo”. ¿Padre de cuál de los dos preferías ser?
Hay una anécdota muy conmovedora sobre el cumplimiento de este precepto que me gustaría compartir:
El Rebe de Lubavitch había llegado a los EEUU de Europa, en 1941. En 1947 su madre llegó a salvarse de las uñas de la Rusia comunista y llegó a Paris. El Rebe viajó a Paris a buscarla y traerla a vivir cerca de él en Nueva York. Todos los días iba a visitarla en su apartamento por una hora. Era una cita sagrada para él y a pesar de su agenda apretada e innumerables responsabilidades, nunca faltó a la cita. Mi tío, Shimón Lazaroff, era un joven estudiante en la Ieshivá en aquel entonces y allegado a la madre del Rebe. Iba a visitarla de tanto en tanto. Una vez, estando él ahí, llegó el Rebe. Mi tío quizo retirarse para no invadir la privacidad de la madre y su hijo pero le insistieron a que se quedara. Aceptó la invitación. Era la primera vez que tuvo la oportunidad de estar en esa situación y estaba atento a todo lo que ocurría. Notó que el Rebe se movía de una manera rara. Caminaba de aquí para allá, movía una silla de aquí para allá, enderecía un cuadro en la pared y luego otro… Cuando se terminó la visita y el Rebe se fue, mi tío le preguntó a la madre del Rebe a qué se debía dicha conducta. Ella le respondió: El piensa que no me doy cuenta, pero desde su Bar Mitzvá nunca me dejó ver su espalda. Hacía lo que hacía con los muebles y cuadros para disimularlo….
¿Por qué hay que honrar a los padres? (Parece ser quizás una pregunta ridícula, pero viendo cómo son los vínculos padres/hijos hoy en día, creo que vale la pena aclarar el tema…)
El Séfer HaJinuj (obra medieval de la autoría de R. Aharón Halevi, z”l) da la siguiente explicación:
La raíz de este precepto es la obligación de ser agradecido. Hay que reconocer y recompensar el bien que alguien te ha hecho. Los padres te trajeron al mundo, te cuidaron y te criaron. Debes toda tu existencia a ellos. De hecho, dice el autor del Séfer HaJinuj, este razonamiento sigue: Si uno debe honrar a sus padres por lo que le dieron, cuánto más le debe a D-os por lo que le dio y sigue dando...
Honrar a los padres es equivalente a honrar a D-os mismo.
Dice el Talmud (Ibid 30b): Hay tres socios en la creación del hombre: D-os, el padre y la madre. (Los padres le proporcionan el cuerpo mientras que D-os le proporciona la vida.) Cuando uno honra a su padre y su madre, dice D-os: los considero como si estuviera morando entre ellos y me honraron.
Hay explicaciones interesantes sobre ciertas expresiones y conceptos implícitos en este pasaje cuya extensión escapa los límites de este espacio. Es interesante notar, no obstante, que los 10 Mandamientos están divididos en dos tablas, las cinco obligaciones para con D-os están en una tabla y las cinco para con el prójimo están delineadas en la segunda. Interesantemente, el 5to mandamiento, “Honrá a tu padre y a tu madre…” no está en la tabla que contiene las obligaciones para con el prójimo, sino en la primera que contiene las obligaciones para con D-os…
Hay que honrar a los padres no sólo mientras viven, sino después también. Cuando menciona a su padre o madre fallecidos, debe agregarle una expresión de honor, como “zijrono livraja” (que su recuerdo sea una bendición) o algo parecido.
He aquí una ley interesante: Los padres deben cuidarse de no exigirles demasiado a sus hijos para no provocar que los hijos les falten el respeto.
Se puede ver más detalles sobre cómo cumplir con este precepto en la práctica en Kitzur Shuljan Aruj, Cap. 143.
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