sábado, 17 de noviembre de 2012

El Amor

Preceptos y Conceptos del Judaísmo
Por el rabino Eliezer Shemtov

El Amor


Sara le pregunta a su esposo: “¿Me seguis amando?”

“Pero por supuesto. ¿Por qué la duda?”

“Porque nunca me lo decis...”

“Mira, te dije que te amaba cuando nos casamos hace 25 años. Hasta que no te diga que cambié de opinión, sigue vigente....”

El amor es una de las necesidades más básicas que el ser humano tiene, tanto para recibirlo como para darlo. Veamos qué nos dice el judaísmo al respecto.

No hay que confundir el amor con el deslumbramiento. El amor es el resultado de la abnegación, mientras que el deslumbramiento es la expresión máxima del egocentrismo y narcisismo. El deslumbramiento es lo que le pasa a uno; el amor, en cambio, es el resultado de mucho trabajo personal.

Hay distintos tipos de amor: el amor entre padres e hijos, el amor entre hombre y mujer, el amor entre hermanos, el amor entre amigos, el amor a D-os. Si bien la dinámica de cada tipo de amor es diferente, hay un común denominador a todos: la búsqueda de la cercanía y la unión y la dedicación al bienestar del otro.

El amor condicional e incondicional

Nuestros sabios (
Pirkei Avot, 5:19) contrastan dos tipos de amor: el amor condicional, que no perdura, y el amor incondicional, que perdura.

El ejemplo que dan para ilustrar el amor condicional es el amor entre Amnón y Tamar y el ejemplo que dan para ilustrar el amor incondicional es el amor entre David y Iehonatan.

¿De qué se tratan los ejemplos mencionados?

Amnón y Tamar eran dos hermanos por parte de su padre David. Amnon se “enamoró” de Tamar hasta que terminó violándola, luego de lo cual Amnón cambió de actitud y la odiaba con más intensidad que el amor con el que la amaba antes. Iehonatan fue hijo del primer rey de Israel, el Rey Shaúl, y designado heredero al trono. David era un rival que terminó reemplazando al rey Shaúl. Shaúl odiaba a David porque lo vio como usurpador y aun así su hijo Iehonatan amaba a David.

Es interesante analizar dichos ejemplos. En el caso de Amnón y Tamar, el amor nacido por el interés específico que Amnón tenía para con Tamar opacaba el amor natural y desinteresado entre hermanos. Al estar atraído a ella sexualmente, convirtió el vínculo desinteresado en uno de interés. Al realizar su deseo para con ella, ya no le interesó más. La “amaba” sólo porque le servía; era meramente un medio para satisfacer su apetito sexual. No la amaba a ella como persona, sino como objeto utilitario. En cambio en el caso de David y Iehonatan, lo natural era que Iehonatan odiara a David por la amenaza al trono que representaba. No obstante amó a David por quien era; no por lo que le iba a aportar.

Hete aquí la definición del verdadero amor: valorar al otro más allá de lo que puede hacer por uno.

50% de divorcios

Me viene al recuerdo una pregunta muy interesante que hizo el Rabino Iosef Bittón a un grupo de parejas jóvenes sobre el tema del matrimonio. Más de 50% de matrimonios terminan en divorcio, señaló. ¿Cuántas de estas parejas pensaba en divorciarse cuando se casaron? Seguramente ninguno, ya que estaban todos “enamoradísimos” cuando decidieron casarse. ¿Cómo se explica, entonces, que tantos matrimonios terminan fracasando?

Aparentemente es fácil casarse pero no es tan fácil seguir casado. Para seguir casado hay que entrar a la relación matrimonial correctamente.

¿Cuál es la manera “correcta”?

El primer casamiento sobre el cual la Torá nos cuenta es el de nuestro patriarca, Isaac, con nuestra matriarca, Rivká. Dice que “Itzjak se casó con Rivká y la amaba”. No dice que primero se enamoró y luego se casó, sino al revés.

¿Qué nos enseña esto?

Una de las enseñanzas es que el verdadero amor es la consecuencia del matrimonio y no necesariamente su causa. Uno no puede amar realmente hasta no conocer a la otra parte y recién la conoce realmente luego de estar casado.

¿Cómo decide uno casarse, entonces, si el amor recién aparece después?

Generalmente se entiende que la familia es la consecuencia del amor entre un hombre y una mujer. Se enamoran y quieren vivir su vida juntos y, como resultado, nace una familia. En ese escenario toda la carga del vínculo descansa en la causa, que es el enamoramiento, que en más del 50% de los casos lo que motivó ese amor desaparece y la relación se desgasta.

La historia de Isaac y Rivká nos enseña otra dinámica del matrimonio: Cuando el hombre llega a la etapa en su vida en la cual está en condiciones de formar una familia, busca una mujer con valores y personalidad compatibles con quien construir juntos una familia. Como consecuencia de su compromiso y el emprendimiento mancomunado que construyen juntos, nace y florece la valoración mutua y nace y florece el amor entre ambos. Es un amor que nace de la abnegación personal. Un amor de ese tipo en vez de debilitarse con el tiempo, crece, madura y se profundiza cada vez más.

Esto explica una de las razones por la cual la novia tapa su cara en la Jupá. El compromiso que el novio asume para con la novia va más allá de su apariencia externa y circunstancial. Es un amor incondicional.

Según las enseñanzas kabalísticas, el valor numérico de la palabra Ahavá, amor, (=13) es igual al de la palabra Ejad, uno. La idea es que el amor transforma a dos personas en una.

El Rabino Arie Levin, conocido como el Tzadik de Ierushalaim, acompañó cierta vez a su esposa al médico. “La pierna de mi esposa nos duele,” dijo. Un ejemplo de la unión que resulta del amor.

El respeto

El Rebe señala en cuanto al respeto a las normas de pureza familiar que si uno se acerca cuando debe mantener distancia, terminará estando distante cuando debe estar cerca. Lo mismo es aplicable en cada situación donde no se respetan los límites.

Uno de los elementos cruciales en una relación de amor es saber respetar al otro. Hay que respetar los límites del otro. Hay que respetar su espacio. Hay que respetar su privacidad. Hay que respetar su dignidad.

Como a ti mismo

Nuestros sabios explican que el mandato divino de “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” se refiere antes que nada al cónyuge.

¿Por qué hace falta ordenarnos amar a nuestra pareja? ¿No es de suponer que uno ama a su cónyuge?

Lo que nos está diciendo es que debes amar al otro de la misma manera que te amas a ti mismo. Tal como te amas independientemente de tus cualidades y fallas, así debes amar a tu pareja. El amor debe ser tan grande que ni te des cuenta de las fallas.

También: así como te gusta escuchar a menudo que te ama, por mas que ya lo sepas, asegúrate que tu pareja también lo escuche a menudo, por mas que ya lo sepa...

Originalmente publicado en el Semanario Hebreo

2 comentarios:

  1. "Nuestros sabios explican que el mandato divino de “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” se refiere antes que nada al cónyuge."


    QUIEN NO SE AMA A SI MISMO TAMPOCO SE RESPETA A SI MISMO. Y EL EGOCENTRISMO HACE QUE NO PUEDA VER NADA BUENO EN EL OTRO POR LO QUE EL RESULTADO ES : NI AMOR NI RESPETO.

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  2. Sara le pregunta a su esposo: “¿Me seguis amando?”
    “Pero por supuesto. ¿Por qué la duda?”
    “Porque nunca me lo decis...”
    “Mira, te dije que te amaba cuando nos casamos hace 25 años. Hasta que no te diga que cambié de opinión, sigue vigente....”
    Quiere decir que uno debe aun casada expresar que ama a su pareja aun? recordarcelo? El ultimo parrafo de la lectura me confunde un poco. Porque si amas a tu pareja estas con la pareja, si no hay amor para que entonces continuar? al menos que exista algo mas como dependencia, o la excusa de los hijos, o estabilizacion social.

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