viernes, 7 de junio de 2013

La Angustia



La Angustia
Por el rabino Eliezer Shemtov
Isaquito llega a la nueva ciudad y entra al bar para pedir una cerveza. Luego de tomarla, agarra la botella y la tira contra el barman. Pide disculpas y expresa su remordimiento. Lo mismo sucede la segunda vez que va al bar y la tercera. El barman no está dispuesto a soportar semejante conducta y le prohíbe la entrada hasta que no se haga una terapia. Pasan seis meses y aparece Isaquito con una nota de su psicólogo atestiguando que efectivamente hizo la terapia necesaria y está curado. El barman le accede al pedido de una botella de cerveza. Al terminarla, agarra la botella y la tira contra el barman.

“Y, ¿eso?” preguntó el barman, incrédulo. “¿No es que habías hecho terapia?”

“Es cierto,” dice Isaquito.

“Pero continúas  tirando botellas. ¿Para qué te sirvió la terapia?”

“Lo que pasa es que ahora no siento culpa ninguna...”  

Entre los padecimientos más prevalecientes en nuestra generación de abundancia y confort están – paradójicamente - la tristeza y la depresión. Hoy en día hay más gente con mayores libertades personales que nunca para hacer lo que quiere, pero… sigue infeliz.
Algunos datos: En los EEUU, la venta de antidepresivos, un mercado con valor billonario, subió en unos 400% en las últimas dos décadas. Uruguay es el país de América Latina con mayor tasa de suicidio (http://www.elobservador.com.uy/noticia/228317/uruguay-es-el-pais-de-america-latina-con-mayor-tasa-de-suicidio/).
¿Qué dice el judaísmo – y en especial el jasidismo - al respecto?
Para entender el tema hay que empezar por distinguir entre la tristeza y la depresión. La tristeza es una señal de sensibilidad. Uno está  triste cuando percibe que las cosas no son como deberían ser. Peor que estar triste por haber hecho algo indebido, o haber perdido algo valioso, es no sentir nada. La depresión, por otro lado, es un síntoma de la insensibilidad, de la parálisis emocional. La tristeza es producto de una percepción correcta que lleva a la acción; la depresión es producto de una percepción errónea y lleva a la inacción.
La tristeza lleva a mayor vitalidad; la depresión lleva a la muerte.
Causas de depresión
En su libro fundacional de la filosofía de Jabad, el Tania[1], Rabí Schneur Zalman habla de las distintas causas de depresión y cómo lidiar con ellas.
Para empezar, hay que tomar en cuenta que la depresión es el resultado no tanto de la realidad como de la percepción de la realidad. Al redefinir la percepción de la realidad, desaparece la depresión en forma automática.
En general hay tres tipos de situaciones que provocan los pensamientos depresivos:
1)   Una carencia en la situación material de uno, su salud o la de su familia.
Cuando a uno le falta dinero para pagar sus cuentas, si no goza de buena salud o si tiene un hijo enfermo, D-os libre y guarde, es muy común y entendible que esté deprimido.
2)   Transgresiones y pecados cometidos.
Una de las causas que provocan la depresión es el sentimiento de culpa que uno siente por su comportamiento indebido para con D-os o para con el prójimo.
3)   La lucha incesante contra el instinto negativo.
A veces la depresión nace por la falta de capacidad de erradicar el instinto negativo de uno. Cuando uno se concientiza del hecho de que constantemente desea hacer lo prohibido, puede llegar a deprimirse por ello, pensando que debe ser una persona muy baja si no puede erradicar su deseo de hacer cosas tan bajas.
Tres tipos de recontextualización
Cada una de las causantes mencionadas se puede superar por medio de una técnica de recontextualización diferente.
En la primera situación, uno puede lograr la alegría al pensar que no pasa nada en el mundo sin que D-os lo desee así. Como vimos la semana pasada, hay dos tipos de bondad. Está la bondad que podemos percibir y está la bondad superior que trasciende nuestra capacidad de apreciar. Al entender que todo lo que nos pasa es para nuestro beneficio, y cuanto menos entendemos el beneficio tanto más elevado es este, ayuda a que no nos deprimamos y que podamos seguir adelante con alegría.
En la segunda causa, hay que pensar: ¿De dónde viene este pensamiento, de repente? ¿Es un remordimiento genuino o es nada más que una maniobra del instinto negativo con el objetivo de deprimirme y hacerme vulnerable frente a las tentaciones y los desafíos de la vida? Si fuera un remordimiento genuino debería poder pensar en ello cuando yo quiero, y no cuando no quiero. La técnica es decirle al pensamiento que vuelva más tarde, en tal día a tal hora para ser “atendido”. De mientras no hay que prestarle atención para que no impida que uno lleve adelante la misión de su vida con alegría.
Para el tercer motivo, el autor del Tania propone una técnica muy interesante. Dice que pensar que uno debe poder eliminar sus  deseos negativos, proviene no de su sensibilidad espiritual sino del ego, creyéndose de gran nivel espiritual, ya que solamente los Tzadikim, la gente justa y perfecta, pueden liberarse totalmente no sólo de expresar el mal, sino también de siquiera desear hacer el mal. La gran mayoría de nosotros no podemos ni se espera que podamos liberarnos del deseo de hacer el mal; lo que está a nuestro alcance es controlar el deseo para no darle expresión en el pensamiento, el habla o la acción. Cada vez que le vienen las ganas de hacer el mal, uno debería estar contento de que tiene la posibilidad de cumplir con la voluntad de D-os al hacer frente y controlar su instinto negativo.
Ansiedad, culpa y autoestima baja
Se me ocurrió que dichos tres escenarios engloban también el abanico más amplio de factores que llevan a la angustia. Uno se puede angustiar por uno (o más) de tres motivos: 1) la ansiedad por lo que le pasó o le pasa; 2) el sentimiento de culpa por lo que hizo o hace; 3) la autoestima baja por lo que piensa que es.
Es por medio de la concientización de que todo viene de Arriba que uno puede ver la realidad de otra manera y seguir adelante con alegría y motivación.
La humildad
Un factor muy importante en la batalla contra la depresión es la humildad. Cuanto más humilde es uno, tanto más contento está con lo que tiene y menos triste por lo que no tiene. Ya que sin la humildad uno se cree acreedor de mucho más de lo que tiene, mientras que con la humildad uno se cree menos acreedor y por lo tanto afortunado por lo que sí tiene.
Aclaración
Todo lo antedicho es aplicable para una persona sana que tiene que superar su tristeza. No supone sustituir la atención médica en caso de que sea necesaria.




[1] Caps. 26-34.

Originalmente publicado en el Semanario Hebreo

1 comentario:

  1. muchas gracias por este tema
    Es muy edificante y de mucha ayuda
    Dios les bendiga mucho!!!

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