jueves, 7 de julio de 2011

Carta del Rebe - Libre Alberdrío Vs. Conocimiento de D'os


B"H

25 de Adar de 5721 (1961)

¡Shalom uBrajá!

Recibí su carta, en la que confirma haber recibido la mía.

Me alegró leer en ella acerca de las clases de las que toma parte. Espero que hará esfuerzos suplementarios en ese sentido, conforme la máxima de nuestros Sabios, sea su recuerdo bendición: "Maalín Bakodesh" en cuestiones de santidad, siempre debe añadirse a lo ya existente.

Con respecto a las preguntas y polémicas acerca de las cuales escribe, creo que no es ese un camino deseable, dedicarse a polémicas interminables y totalmente improductivas que a fin de cuentas no conducen a ningún fin. La discusión y el debate tienen cabida sólo cuando una determinada pregunta surge entre personas que estudian juntas, e incluso entonces no debe atribuirse a la discusión particular importancia.

En términos generales, puede decirse que la mayor parte de los interrogantes mencionados han encontrado ya su respuesta en las palabras de nuestros Sabios. Quienes aún discuten y debaten acerca de ellos, lo hacen ya sea por ignorancia o premeditadamente. Hay personas que se sienten renuentes a adoptar la Torá y sus preceptos como una verdad absoluta, porque de esa manera se verían obligadas a asumir la forma de vida que la Torá exige, y entonces deberían renunciar a determinados placeres. Por eso prefieren justificar sus concepciones erróneas mediante argumentos y debates improductivos.

Por ejemplo:

Uno de los interrogantes que usted plantea en su carta (que aparentemente le fue propuesto como una cuestión insólita y sumamente complicada) es: "¿Cómo es posible el Libre Albedrío, si D-os conoce de antemano lo que hará el hombre?"

En verdad, este problema ya ha sido tratado en la Literatura Sacra, y resuelto con claridad. La respuesta es sumamente sencilla, tal corno puede verse en los dos ejemplos siguientes:

1) Supongamos que una determinada persona ha sido dotada de la facultad de predecir el futuro. ¿Diremos acaso que su conocimiento de las acciones futuras de cualquier hombre le impiden a este último actuar tan libremente como antes? El conocimiento del adivino no es sino el conocimiento de la forma en que aquella persona elegirá, y cómo actuará por su libre voluntad.

De la misma manera se comprenderá que el conocimiento de D-os de las acciones de los hombres es un conocimiento que no les impide el libre albedrío de sus actos. D-os, bendito sea, sabe de qué manera elegirá comportarse esa persona en determinada situación. De querer formular esto en términos científicos, diríamos: lo opuesto al libre albedrío no es el conocimiento previo, sino la com- pulsión de una acción sobre el ser humano. Pero existe un tipo de conocimiento que no involucra la compulsión (como, por ejemplo, el conocimiento del pasado).

 2) Todo aquél que cree en D-os, incluso quien no es judío, cree que, para D-os, el pasado, el presente y el futuro son una misma cosa, por cuanto D-os trasciende el tiempo y el espacio. Y así como el hombre puede saber qué ha ocurrido con su semejante en el pasado --y, obviamente, ello no influye de manera alguna sobre la libertad de acción de aquél-- , del mismo modo D-os conoce lo que el hombre hará en el futuro. Pues, en lo que respecta a D-os, el conocimiento del futuro es idéntico al conocimiento del pasado.

De la sencilla solución a este problema puede usted derivar sus conclusiones respecto de otros problemas similares. Puede estar seguro de que hay una respuesta para cada uno de ellos, y con frecuencia ésta es sumamente simple. No obstante, la senda judía genuina es [primero] cumplir con la Torá y sus preceptos con fe pura, y sólo después intentar hallar respuestas a los interrogantes que vayan surgiendo. D-os nos libre de ver en nuestra comprensión humana una condición previa al cumplimiento de los preceptos de D-os.

Doy por sentado que ha participado en el Hitvaadut -Encuentro Jasídico- de Purím, y confío en que la inspiración y el júbilo con que se ha saciado ejerzan su influencia durante todo el año.

Aguardando buenas noticias,

Con bendición,

M. Schneerson

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